Entrevista a Catalina Mena

“Elijo coser y bordar directamente sobre diversos objetos de uso cotidiano como una manera de evidenciar la importancia de ellos en nuestra manera de habitar”

Hace mas o menos tres años la Galería Ángeles Baños, con sede en Badajoz (España), presentó una exposición sobre una artista que por aquel entonces desconocía. Recuerdo entrar sin muchas expectativas… pero quedé pronto impactada por los diversos objetos que decoraban el espacio. Una serie de tazas, jarros, platillos o cuchillos, muchos de ellos bordados y perforados, envolvían a los visitantes y creaban una sensación realmente extraña: eran artículos cotidianos y reconocibles pero que, al ser sacados de su contexto, eran capaces de abofetear nuestra razón (y nuestra lógica). 

La responsable de tal orquesta visual se llamaba Catalina Mena, una artista chilena nacida en 1971 y amante de la ambigüedad, precariedad y fragilidad de lo cotidiano. Lo más curioso es que en muchas de sus piezas usa el hilo como material aglutinante, creando piezas poéticas, frágiles y realmente curiosas.

Este mes de mayo ella es la protagonista en nuestra web y hemos querido entrevistarla para que nos hable sobre su historia, su proceso creativo y algunas de sus piezas. ¡Comencemos! 

Empecemos por el principio. Para aquellos enamorados del arte que aún no te conozcan, cuéntanos un poco sobre tu pasado.

Nací en Santiago de Chile, donde sigo viviendo. Crecí durante la dictadura, un periodo de mi país en el que la cultura estaba muy ensombrecida y eso me marcó… Cuando veía libros con imágenes de obras de arte me daba cuenta de que existían miles de otras realidades. Recuerdo haber visto las imágenes del tríptico del Bosco y sentir que esos personajes habitaban en mi interior. Esas imágenes me permitieron entender y creer en las múltiples posibilidades existentes, y visualizar emociones, sentires, contradicciones … y que habían infinitos mundos por descubrir.


Empezaste a exponer a finales de la década de los 90… una larga trayectoria para los tiempos que corren. ¿Con qué barreras te has encontrado durante estos años como artista?

Al ser Chile un país que vivió muchos años una dictadura que nos mantuvo muy encerrados, acceder a la cultura cuando yo era niña fue difícil. Una vez llegada la democracia se vivió un despertar de las artes, pero el camino elegido no ha sido fácil. En un país en vías de desarrollo y con múltiples necesidades en educación y salud, el hecho de dedicarse a las artes es un camino complejo. A ello debo agregar el hecho de que Chile está bastante lejos de los centros culturales del mundo. Todo ello hace más difícil el trabajo. 

¿Y crees que el hecho de ser mujer ha condicionado de alguna manera tu situación en el mundo del arte?

Mi trabajo surge desde lo que yo soy como persona y el hecho de ser mujer ha sido (y es) una condicionante muy importante en mi quehacer (ya sea desde las problemáticas y reflexiones que se desprenden de mi trabajo, o en relación con las dificultades propias del género femenino en un país de raíz conservadora y machista). 


Cambiemos de registro y centrémonos en tu trabajo. Muchas de tus piezas coinciden en algo: el uso del hilo y la aguja. ¿Cómo aprendiste a coser? ¿Respirarse esta tradición en casa o te acercaste a este mundo de alguna otra forma?

Al haber recibido una educación tradicional y conservadora, el uso de la aguja y las manualidades era algo que debía aprender desde pequeña. Además en mi familia, mi madre y abuela siempre han estado ligadas a la costura y el tejido. Por ello crecí entre lanas, hilos y agujas. Desarrollar mi trabajo visual con estos elementos ha fluido de manera muy natural.


Y ¿qué es lo que más te gusta a la hora de trabajar con hilo y aguja? 

Me interesa el hacer con las manos, el ir pensando y sintiendo a través del mismo hacer, el tiempo que se requiere para ello. Creo que por ello los objetos se van, por decirlo de alguna manera, “cargando” con el estar y el sentir del proceso creativo.


Durante mucho tiempo el bordado o la costura han sido técnicas consideradas  socialmente femeninas (se han relacionado normalmente con las mujeres y su mundo). ¿De alguna forma recoges ese testigo de forma consciente y presentas  alguna denuncia o reivindicación feminista en tus piezas?

Cuando era pequeña y veía a mi abuela y a mi madre ligadas al mundo del bordado y tejido, siempre pensé que yo no me dedicaría a nada relacionado con eso, que sería una mujer diferente…. El tiempo se ha encargado de que valore y entienda la importancia de estas labores y he intentado reivindicarlas como procesos creativos de mucho interés y peso para el mundo del arte contemporáneo.


Es muy curioso descubrir que en muchas ocasiones sueles coser directamente sobre objetos cotidianos (como cuchillos, sillas o cera depilatoria). ¿Por qué eliges estos? ¿Qué te interesan de ellos?

Elijo coser y bordar directamente sobre diversos objetos de uso cotidiano como una manera de evidenciar la importancia de ellos en nuestra manera de habitar.  El bordar y coser lo entiendo como una reflexión en torno a ellos sobre nuestra manera de estar en el mundo.

 

Entre todas tus piezas me gustaría destacar especialmente Fragilidad Contenida. ¿De qué trata este trabajo?

Fragilidad Contenida es una instalación consistente en una serie de unos 50 objetos colgados (suspendidos). Una observación más detenida permite al espectador identificar los objetos suspendidos que cuelgan: se trata de los instrumentos habituales para comer y que se disponen ordenadamente en una mesa inexistente. Dichos objetos se conforman mediante fragmentos de cera depilatoria usada, cosidos entre ellos mediante hilo y aguja que dejan intersticios (vacíos) entre algunos de ellos. De esta forma la escena está constituida por la vajilla y su disposición espacial, que corresponde exactamente a la que estos objetos tienen en la mesa en el acto de comer, en el ritual de la vida doméstica.

Las operaciones constructivas (fragmento, huellas y vestigios) refieren a la memoria. La vajilla estructurada mediante fragmentos de cera depilatoria usada, utilizando como molde la vajilla de mi casa, hacen evidente la asociación formal con éstos (sus moldes). Estos se arman a través de fragmentos, lo que refiere a la noción de fragmentación en estrecha vinculación a la memoria (y específicamente a la rememoración en su asociación a los recuerdos, los cuales son parte de los conceptos asociados a esta obra). Asimismo estos vacíos también remiten a la noción de olvido ligada a la memoria.

Estos objetos nos remiten a un cuerpo: mi propio cuerpo en su ausencia. Los trozos de cera depilatoria usados no sólo aluden al cuerpo, sino que nos lo presentan testimonialmente de dos maneras diferentes. Por una parte mediante la huella del contorno corporal que queda impresa en ellos y que fija o imprime la piel en la cera; y por otro lado mediante los pelos que quedan en la cera una vez que esta es retirada de su contacto con el cuerpo. La depilación es un rito íntimo mediante el cual la mujer se despoja de aquello que se asocia a lo masculino (los pelos) para “sentirse” más femenina. Hay una necesidad de hacer el simulacro de no tener pelos para ser más mujer. La cera depilatoria con la cual se conforman los objetos de la obra denotan esta acción… contienen y retienen los pelos no deseados; la cera los atrapa, los mantiene y retiene. Nos relata además dos asuntos importantes: la intimidad y el dolor. Este material nos conduce al problema de género.

La imagen femenina con un marcado acento religioso católico, que valora la imagen de la Virgen, debe estar asociada a la pureza y para ello sería necesario que la mujer se despoje de aquellos residuos como el pelo en el cuerpo. Así es como adelgazar, cortarse el pelo, depilarse y cuidar las uñas se convierten en necesarios ritos de purificación. En el libro Medias Miradas, Enrique Gil Calvo asocia estos procesos de purificación de la imagen femenina a “una estrategia de purificación racionalizadora que convierte al diamante femenino en un precioso brillante tallado y pulido”. Sobre este mismo punto de la depilación como rito purificador cabe mencionar que éste es un proceso doloroso, incluso asociado a una “tortura”  que es aceptada para lograr el ideal de belleza y pureza necesarios culturalmente. Dice el mismo autor que cuando una mujer descuida su imagen es desacreditada socialmente, y esto se enlaza con lo planteado por Bordieu sobre que la legitimidad es cuestión de buen gusto. Este no se trata sólo de capital económico, sino sobre todo de capital social y capital cultural. De lo anterior se desprende que en las mujeres hay una sujeción expresada por su imagen en cuanto a los demás y en especial en cuanto a los hombres.


También quiero mencionar Léxico Doméstico,  una instalación en la que cientos de diversos cuchillos penden atemorizantes del techo, entre la penumbra. ¿Cómo surgió esta obra?

Empecé a pensar en el cuchillo, dado que siempre he sentido una tensión al ver un cuchillo sobre la mesa… como una suerte de posibilidad de herida que me mantiene intranquila.

Los cuchillos se utilizan de manera violenta y no violenta en nuestras vidas. Si éstos se utilizan violentamente, afectan negativamente; si se utilizan como herramientas de corte, ayudan a nuestro trabajo diario de muchas maneras. Por lo tanto, tienen usos de oposición dual. Debemos ser conscientes de ello.

Estos objetos cortantes nos remiten al corte, a la herida, y al arma. El hecho de poder usarlo como un arma nos atribuye una posibilidad de agresión y/o defensa, y por ende de poder. El hecho de que nosotros, como parte de la cultura occidental, usemos los cuchillos para compartir una comida en torno a una mesa  (mientras que en otras culturas esto es impensable – incluso durante la edad media las “ armas “ eran dejadas fuera del sector para compartir las comidas-) nos evidencia que existe una latente capacidad de herir, o una violencia en nuestra manera de compartir. En general intentamos que pase desapercibida para no hacernos cargo de ella. Incluso puedo ir más allá:  plantear que en el espacio de la cocina, y en especial en la mesa y el corte con cuchillo, lo sacrificial aún permanece en nuestro cotidiano. Creo que en el acto del corte y procesamiento de la carne es donde se mantiene y evidencia nuestra necesidad de destrucción… necesidad de violencia y de encauzar una energía de aniquilamiento. Es desde ahí mismo desde donde se construye o alimenta el vivir.

Lo anterior entiende el sacrificio y la muerte como una necesidad inminente para la vida. Así la dualidad, el eros y el tánatos, se ve reflejado en nuestros actos más cotidianos.


Por último tu pieza Hilando Fino me parece una maravilla. Cuéntanos la historia detrás de esta obra.

Esta es una obra muy especial para mi, dado que fue concebida en un período de grandes pérdidas en mi vida. Este trabajo se articula en el territorio de la fragilidad en íntima relación con la memoria y el objeto cotidiano: una red de hilos atrapa la cotidianidad disuelta en el hábito o en la indiferencia. Este gesto busca señalar estos en su realidad más próxima, para así recobrar aquellos objetos que se han hecho invisibles a nuestra mirada.

Las sillas, tazas, jarros o platillos se levantan en el espacio como si fueran espectros que demandan ser recuperados, al mismo tiempo que dan cuenta de la presencia/ausencia de la mesa y sus comensales. El trabajo, que involucra el amarrar y el anudar, se establece como una metáfora de reconstrucción-memoria, creando red de sentido activada por el recuerdo de los objetos. La precaria suspensión de los objetos alude metafóricamente a la fragilidad en relación a la memoria como eje de sentido que nos constituye. 


Es estos casos, ¿cómo es tu proceso creativo? ¿Puedes contarnos cómo se traslada una idea a la obra final?

Ideas, sentires, reflexiones y un sin fin de diferentes estímulos se mezclan en bocetos, escritos y lecturas. Todo esto va dando cuenta de un proceso creativo dinámico y sorpresivo que culmina en una obra final. Lo anterior no deja de sorpenderme hasta ahora.


Y ¿quién o qué son tus fuentes de inspiración?

Mis 46 años de vida son mi fuente de inspiración, y en este camino me he encontrado con mujeres artistas como Louise Bourgueois, Rachel Whiteread, Carmen Calvo y muchas otras que me han acompañado.


¿Qué otros artistas que utilicen hilo y aguja nos recomendarías seguir?

No tengo ningún nombre en especial. Recomiendo, más que seguir otros artistas que utilicen este medio, intentar reflexionar en el hilo y la aguja como materialidad y entenderlo desde su base conceptual para poder ampliar los significados que se puedan desprender de su utilización. 


Y para terminar, ¿en qué proyectos estás trabajando ahora? 

En este momento estoy preparando una exposición individual en la Galería de Isabel Aninat en Santiago de Chile que se titula El Peso de las Alas..

¡Muchas gracias Catalina!
Si queréis conocer más su obra,
os recomendamos visitar su página web:
www.catamena.com


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