Entrevista a Goretti Padilla

“Me interesa ponderar el bordado dentro de las técnicas de primer orden”

Esta página se está convirtiendo en un mapa: artista a artista, mujer a mujer, puntada a puntada, vamos de un punto a otro del globo mostrando ese arte que habla sobre feminismo desde distintas perspectivas. Hoy aterrizamos en el centro de México para descubrir a Goretti Padilla, artista visual nacida en 1982 con varias exposiciones a sus espaldas a pesar de su juventud.

Entre obras pictóricas y dibujos, Padilla ha tenido tiempo de desarrollar también una serie de proyectos bordados en los que reivindica la memoria, el pasado, la historia con nombre de mujer. Retratando a mujeres de siglos anteriores, cosiendo vestidos, realizando bordados, quiere mostrarnos el mundo ocultado durante décadas por el patriarcado y sacar a la luz secretos, historias, cuentos.

Para aquellos que no te conozcan, cuéntanos de dónde vienes y cuándo empezaste a interesarte por el arte.

Soy mexicana de padres mexicanos y nací en una ciudad que se llama Querétaro. En la casa donde fui criada por mi madre nació mi padre y soy la cuarta hija, la menor de este matrimonio -ahora esa casa se encuentra en el centro histórico de mi ciudad-. En mi infancia siempre estuve rodeada del folklore de mi barrio: ir a misa los domingos, ver concheros en las fiestas, etc.… Mi madre, al tener cuatro hijos, nos buscó actividades como clases de dibujo y es así como me acerqué al arte o a la producción artística. Mis padres, por ser católicos, siempre nos llevaban a ver iglesias, a misa o a catecismo, así que tengo un contacto con el arte sacro; también siempre nos llevaron a museos.

Mi interés, o más bien cuando fui realmente consiente del arte, fue a los 14 años. A esa edad empecé mis estudios musicales en el conservatorio de Querétaro y luego me metí a una preparatoria de Artes y Humanidades en CEDART, escuelas creadas por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Fue ahí donde decidí que quería ser pintora.


Estudiaste la licenciatura de Artes Visuales en la Facultad de Bellas Artes de UAQ (México) ¿Qué supuso para ti estos estudios y como te influenciaron?

Muchas veces las licenciaturas en artes no son como crees, en el sentido que no tienes los mejores maestros por diversas razones burocráticas. Aún así siempre hay uno o dos que salvan esa aventura de cuatros años. Por ejemplo, un maestro que me enseñó disciplina y a conceptualizar las ideas en proyectos fue Jordi Boldó; y lo que me gustó del plan de estudios de la licenciatura es que nos enseñaban sobre escultura, fotografía, grabado, pintura… hasta que en el último año te especializabas en un área.

Yo creo que lo mejor de las escuelas de artes es, sobre todo, el ambiente que se vive: lo que se respira es pura creatividad. Cuando hice la maestría en la Academia de San Carlos (UNAM), los profesores eran de mejor calidad: nos daban clase artistas activos en su producción y maestros teóricos con ideas más frescas. Por ello el ambiente creativo era de mucho mejor calidad allí. Fue en la UNAM donde hubo compañeros que me influenciaron más en cuestiones como la disciplina y la producción o en la idea de que “eramos un taller”. Para mí fue nueva la idea de taller como familia y en la maestría me acostumbre a ella. Yo me considero más de la UNAM que de la UAQ.

Ya has expuesto en más de quince exposiciones colectivas y has protagonizado varias muestras individuales. Con esa experiencia a tus espaldas, ¿te has encontrado con barreras a la hora de desarrollar tu carrera como artista?

Creo que muchas veces hay barreras, pero las vamos superando como sea: con becas o sin ellas tenemos que producir lo que queramos. Creamos espacios emergentes y siempre tenemos que mostrar nuestro trabajo. Muchas veces nos ponemos nosotros las barreras como artistas. A mí me dio durante un tiempo por buscar y buscar espacios para exponer y, aunque en muchos no me hicieron caso, logré más de una exposición o muestra al año. Muchos gastos económicos corrieron por mí cuenta, pero hacía proyectos pensando en los formatos y en los traslados para gastar menos. Trabajaba sin parar para sacar la producción adelante. Ahora voy a otro ritmo, pero lucho con la barrera del tiempo para producir. Voy despacio pero no dejo de pensar en proyectos para hace.

 

Y ¿crees que la circunstancia de ser mujer ha condicionado, de alguna manera, tu situación dentro del mundo del arte?

Sí. Yo pensaba que un hijo no tenía que ser un impedimento para dejar cosas, pero soy madre de una hija y me dedico a la crianza. Me interesa que mi hija crezca en el ambiente que yo he creado para ella, en mi mundo. Por ello la producción va muy lenta. Ahora me dedico más al bordado, que es una actividad en la que no se requiere tanta concentración. Es más fácil empezar y hacerlo en cualquier lugar.


Entrando ya en tu trabajo artístico, ¿cómo definirías tu estilo?

Yo lo llamo dibujo bordado, porque utilizo el bordado desde el sentido de la línea.


Y ¿cuáles son tus influencias más directas? ¿Qué artistas o elementos consideras fuentes de inspiración a la hora de trabajar?

Siempre me ha gustado el realismo, la pintura barroca, el arte pop y el realismo mágico. Como influencias más directas en sí, destacaría los trabajos de bordados y tejidos de las mujeres de mi familia (como mi mamá, mis tías y mi abuela materna)… me encanta su interés por hacer algo con las manos. Pero también nombraría otros bordados, principalmente los que se pueden encontrar en los vestidos que se hacen en Michoacán o el trabajo textil de las otomíes y huicholes.

En cuanto a artistas que me hayan influenciado, os dejo algunos nombres: Leticia Arroyo, por ejemplo, que utiliza hilos y fibras naturales en su obra; Alejandra Zermeño, que trabajaba el hijo y la escultura en parte de su producción; o Rosa Borrás, que utiliza hijo y objetos de su vida cotidiana y doméstica.

 

Has trabajado normalmente con diferentes medios de expresión como la pintura o el dibujo, consideras durante años técnicas de primer orden. Pero has usado mucho el bordado, un medio considerado todavía artesanal, femenino e, incluso, secundario por muchos. ¿Qué es lo que más te interesa y de atrae de esta técnica?

Lo que más me interesa a la hora de utilizar el bordado es, en primer lugar, el hecho de usarlo como una herramienta, una manera de expresión como otras que se han utilizado durante siglos. En segundo lugar me interesa ponderar el bordado dentro de las técnicas de primer orden (utilizandolo, buscando su lugar en museos y galerías o participando en convocatorias para becas de producción). Muchas veces te das cuenta de que el bordado está castigado por el patriarcado. Es como si las instituciones no aceptaran una voz femenina al negar el bordado como arte o dándole un espacio.

 

¿Cuándo tuviste tu primer contacto con el hilo y la aguja? ¿Aprendiste a utilizar estos materiales en casa, gracias al boca a boca que pasa de madres a hijas, o ya de mayor?

Mi primer contacto fue de pequeña, como a los 7 años. Mi mamá nos enseñó a bordar para que no estuvieramos viendo la tele o sin hacer nada. Me gustaba hacerlo, aunque luego lo dejé durante largo tiempo. Un tema recurrente en mi trabajo es, por lo general, la memoria y por esa razón retome el hilo y la aguja en Las ya retratadas.

 

Hablemos justo de ese trabajo, Las ya retratadas, un proyecto especialmente interesante. En él presentas alrededor de 100 dibujos en los que bordas (con hilo sobre mantel) diversos retratos de mujeres hechos por otros pintores a lo largo de la historia. ¿Qué te empujó a hacer este proyecto?

Lo que me empujó a realizar esta obra fue el hecho de que en las enciclopedias sobre historia del arte (ejemplos del patriarcado en el sector), las artistas mujeres no representan ni el 1% de los artistas nombrados. Quisé demostrar, sin embargo, que puede existir un porcentaje igual entre artistas mujeres y artistas hombres, y por eso empecé a investigar sobre mujeres creadoras. Encontrar artistas hombre es fácil, pero descubrir artistas mujeres fue difícil ya que quería nombres desde el renacimiento hasta nuestros días.

Además, siempre que veo retratos me pregunto quiénes son ellxs y decidí repetir 100 retratos de mujeres investigando un poco sobre la historia de las retratadas. Fue muy interesante ver como los artistas hombres han retratado y representado a esas mujeres, y ver como lo han hecho las artistas mujeres.


Uno de los puntos más atractivos de este trabajo es la diferencia entre los retratos según el género de sus autores originales: aquellos pintados por hombres son bordados sólo con hilo negro, mientras que aquellos creados por mujeres son realizados con hilo negro y dorado. ¿Por qué esa diferencia? ¿Existe una necesidad de destacar el trabajo de aquellas artistas mujeres?

Sí, desde el principio tuve muy claro como enfatizar la producción femenina sin llegar a un rosa chillante. Durante la recopilación de imágenes me di cuenta de que los retratos hechos por hombres eran más distantes; por el contrario, las artistas veían a las retratadas de otra manera y las representaban de forma más honesta o más expresiva. A lo mejor eso se debe a que muchas de las creadoras retrataban a mujeres cercanas a ellas como hijas, hermanas o amantes (también hubo artistas que hicieron retratos de alguna reina o duquesa por encargo pero son casos más sueltos)… o se debe a que las poses eran más relajadas o simplemente que hay un reflejo de identidad de género. El reto fue cómo representar eso que yo sentía por medio del hilo… finalmente, vi que la línea era más dura utilizando puro hilo negro pero la línea era más suave usando hilo negro con dorado.

Personalmente creo que, como artistas, tenemos que destacar el trabajo de esas mujeres creadoras que han sido ocultadas por el patriarcado del arte. Es triste que, aún en nuestros días, puedas abrir libros sobre arte y sólo encuentres a una o dos mujeres artistas entre 100 nombres. Y es triste porque muchas de estas artistas tampoco son tan desconocidas. Se sabe información sobre ellas y hay colecciones de sus obras, pero siguen sin respetar o valorar su trabajo por cuestiones de género y su precio en el mercado del arte.


En el caso de este proyecto específico, es inevitable darse cuenta del aire feminista que recorre todas las piezas. Pero ¿crees que ese feminismo se respira también en el resto de tus trabajos? ¿Te autodenominarías como artista feminista?

A lo mejor en esta serie es muy visible la equidad de género y en ella se respira un aire feminista. En algunas de mis pinturas anteriores hablé sobre el cuerpo femenino como objeto observado, la memoria y el espacio doméstico y no sé si estas piezas en concreto tienen ese aire feminista. Pero lo que si que creo es que mi producción con hilo si desprende más tintes feministas que mi obra pictórica. Tal vez es por el hecho de usar hilo, que ha sido una herramienta considerada totalmente femenina, o por utilizarlo para hacer visible los problemas de género.


¿Encuentras referencias o características entre tus trabajos y los de otras mujeres artistas, latinoamericanas o internacionales?

Sí, hay muchas mujeres y hombres que usamos hilo bordando, tejiendo o simplemente como línea de dibujo. Nuestro alrededor es nuestra inspiración y usamos objetos cotidianos, como los sencillos hilos u objetos que utilizamos para hacer otras labores.
Una de estas artistas es la mexicana Miriam Mabel Martínez. Para ella “tejer no es cool, es punk”. Me gusta su postura porque, en cierto modo, te apartas del sistema capitalista de traer ropa hecha de fábrica; es una manera de liberarte del sistema.

También me gusta el trabajo de pintura bordada o bordados pintados del artista chileno Víctor Espinoza; sus retratos de personajes casi siempre son íntimos (no sé si remiten a la intimidad por la técnica del bordado, una actividad muy íntima, o por la idea que se realiza en la intimidad del hogar). Otra artista es la irlandesa Debbie Smyth, que crea complejos dibujos hechos con hilos. No borda pero clava los alfileres para así lograr dibujos de objetos cotidianos con cierto realismo y volumen.

Por último, pero no menos importante, destacaría a la artista española Montse Rodríguez Herrero, y especialmente sus trabajos de ropa interior hecha con papel donde escribe un mensaje y done el hilo representa bello corporal. También me gustan sus trajes de papel (ya que, en este momento, trabajo con ropa de bebé donde bordo mensajes sobre equidad o consejos que a mi generación nos hubiera gustado oír para vivir mejor una equidad de género).


¿Qué otros artistas destacarías?

Por ejemplo la mexicana Paula Santiago. Bueno… ella es necrófilica -por así decirlo-. Tiene un proyecto donde hizo vestidos de papel pequeños o como para bebé, los bordó con cabello de alguna persona y los pintaba con sangre. Es como el otro lado de la moneda de lo bordado, artesanal, bonito, hecho con paz y amor… tal vez es el lado oscuro de las actividades que se han caracterizado como femeninas y bonitas ya que cambia el concepto de femenino-bonito con los materiales que usa.

Otra artista que también me gustaría mencionar es la mexicana Alejandra Zermeño. Tiene una producción escultórica donde representaba a escala 1:1 el cuerpo femenino y lo forraba, por así decirlo, con estambre o encaje. Era como si se fundiera el material con la persona representada.


Y, por último, ¿qué planes de futuro tienes?

Pues… seguir trabajando con hilo. Sé que tengo mucho que explorar y que es un camino largo que puedo manejar de muchas formas. Por el momento estoy realizando un proyecto al que llamo Hilando el género donde bordo mensajes en ropa de bebé de niño y niña sobre equidad de género. Voy por la mitad del proyecto, pero me gustaría exponer la serie completa.

Por otro lado, tengo otros proyectos con hilo, y tengo apuntes y bocetos de ilustraciones de cuentos que quiero bordar. No me preocupa el futuro porque voy sobre la marcha.

¡Muchas gracias!
Si queréis conocer más su obra,
os recomendamos visitar su página de Facebook,
con el nombre:
Goretti Padilla. Artista Visual


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