Entrevista a María Gimeno

“El bordado es cálido y además está lleno de connotaciones inevitables que aluden a lo femenino”

Tras varios meses hablando de artistas internacionales, este junio nos adentramos por fin en España para hablar de una creadora con una larga trayectoria: María Gimeno. Nacida en 1970, lleva décadas realizando piezas con gran carga social a través de diversas técnicas, aunque el hilo es una de sus principales herramientas.

Una de sus ultimas obras, presentada el pasado 11 de mayo en la Universidad Complutense de Madrid, ha recibido muy buenas criticas y grandes alabanzas: su conferencia – performance Queridas viejas es un grito desesperado por recuperar del olvido a esas mujeres artistas que no aparecen en los libros de historia. Tras este éxito, María es la protagonista de Las Hilanderas durante el mes de junio y en esa entrevista nos cuenta su historia, sus intereses y los secretos de algunos de sus trabajos.

Para aquellos que todavía no te conocen, cuéntanos de dónde eres y cuándo empezaste a interesarte por el arte.

Soy de Madrid, aunque nací en Zamora. Mi interés por el arte viene de muy pequeña: siempre me gustó mucho dibujar, y mi hermano y yo creábamos mucho por las tardes. En mi casa teníamos muchos libros de arte y recuerdo mirarlos a menudo. Me gustaban Picasso y Goya. Nos llevaban además a visitar el Museo del Prado de vez en cuando. Siempre crecí pensando que el Prado era la mejor pinacoteca del mundo, y los pintores españoles lo mismo.

 

Llevas trabajando como artista ya muchos años y has expuesto en numerosas ocasiones. Pero ¿qué es lo que te impulsó a dar el salto para trabajar en esto?

Creo que me aterraba la idea de tener un jefe. Siempre pensé que no quería trabajar en una empresa. Me gustaba mucho dibujar y pintar y quería hacer Bellas Artes, a pesar de que el resto me decía que no tendría futuro ni salidas y que debía estudiar derecho. Siempre contestaba que sabía bien lo que no quería hacer.

Me costó bastante entrar en Bellas Artes, aunque tenía clarísimo que ese era mi deseo. Se interpuso otra carrera entremedias para satisfacer a mis padres y los años de huelgas en la facultada, pero al fin lo conseguí. Una vez logrado nunca pensé en dejarlo.

María Gimeno

A lo largo de tu carrera has trabajado con diversos medios artísticos como el video, la performance o la fotografía, pero también con el bordado. ¿Qué es lo que más te gusta de esta técnica?

Mi trabajo es multidisciplinar. No me ato a ninguna técnica… ¿para qué? Cada pieza, cada proyecto, necesita ser expresado con uno u otro lenguaje (el vídeo, la performance, el dibujo, el bordado). Cada una de ellas juntas o por separado llegan un poco más lejos en su significado. El bordado y el hilo crean un efecto muy parecido al dibujo y, sobre todo, a la pintura (mi especialidad en la facultad). El bordado, además, aporta una manualidad casi carnal. Lo puedes tocar, es cálido y además está lleno de connotaciones inevitables que aluden a “lo femenino”. Me parece que son cualidades explotables para ser más claro con el mensaje o la intención que le quieras poner a una pieza. Son pequeños retazos de la memoría de la técnica que suelo tener presente a la hora de decidir hacer un bordado.

 

¿Cuándo tuviste tu primer contacto con el hilo y la aguja? ¿Aprendiste a utilizar estos materiales dentro de tu familia?

Mi primer contacto con los hilos debió de ser en casa, cosiendo un botón o algo por el estilo. Cuando tenía 8 o 9 años mi madre me regaló un petit poi que compramos en una mercería alucinante de San Juan de Luz en el País Vasco Francés. Elegí un motivo súper cursi de dos pájaros azules posados sobre una rama, que aún conservo y que nunca terminé. Más adelante, ya con 15 años, tuve que bordar en el colegio mis iniciales en un pañuelo. Recuerdo que elegí un hilo de color verde. Aún así, en mi casa nunca vi coser ni bordar nada más allá de un botón o un bajo.

 

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Puedes contarnos cómo se traslada una idea a la obra final?

¿Mi proceso creativo?… Supongo que todo comienza con una intuición, con una necesidad de agarrar una idea, una imagen, una sensación de que hay algo importante que quieres contar. Las intuiciones empiezan y terminan muchas veces en nada o en todo. Cuando veo algo muy claro simplemente lo hago, lo hago porque sé que es lo que tengo que hacer, porque por algún motivo sé que es lo acertado… y, aunque conceptualmente parezca que esté cogido con pinzas porque aún es demasiado pronto para explicarlo con fundamento, hay algo curioso: generalmente las intuiciones son bastante certeras, mucho más complejas y ricas de lo que uno pudiera pensar en un primer momento.

 

Entre tus trabajos me gustaría destacar Poligamia. Es una instalación realizada con una serie de hilos multicolor que cruzan una habitación por todas direcciones. Cuéntanos qué hay detrás de esta obra.

Poligamia es una pieza, una instalación, que surgió tras viajar a países donde la poligamia era legal. Estaba fascinada por las diferencias que hay entre las sociedades donde la poligamia es legal y aquellas que no lo permiten. Estuve tiempo pensado en lo hipócritas que somos aquí en cuento a la fidelidad y en lo horrible (e injusto) que me parecía que un hombre pudiese tener varias mujeres y que una mujer no pudiese tener varios hombres… Desde nuestro concepto paternalista hacia las sociedades que imaginamos menos desarrolladas donde la poligamia es legal. Con este batiburrillo de opiniones no del todo formadas, me lancé a hacer esta instalación para darme cuenta de que nada es ni blanco ni negro y de que cada cual tiene sus costumbres.

En instalación se unían las letras P O L I G A M I A , que estaban repartidas por dos espacios de la galería RPH, con hilos de los colores de las banderas de los países donde la poligamia era legal en el momento de la exposición.  Un listado de cerca de 50 países, la mayoría en África, Península Arábiga y Sur Asiático. La instalación era muy potente a nivel visual y conceptual. Las banderas formadas por hilos de colores que recorrían el espacio de la galería creaban efectos ópticos y espaciales por el recorrido del hilo y la mezcla óptica del color en el espacio. Fue mucho trabajo que concluyó con una performance realizada en los últimos días de la exposición, una performance que se llamó Cortar Lastres donde yo cortaba los hilos y, con ellos, las ideas preconcebidas a cerca de la poligamia.

Es importante resaltar que este fenómeno salva las vidas de muchas mujeres en países donde el único amparo es la familia, lugares donde no hay un sistema de salud pública eficaz, ni sistema de pensiones, donde una mujer sola no es nadie y donde la familia se convierte en el salvavidas para muchas de ellas y sus hijos. No todo es siempre bueno o malo. Quizá desde aquí nos choque y nos parezca inaceptable, pero las cosas no son siempre como nosotros pensamos.  A mi al menos esta pieza me sirvió para eso: darme cuenta de que es necesario ponerse en la piel de otro para intentar llegar a comprenderle.

 

También estoy enamorada de Cage Acction. En ella una mujer esta en el interior de una especie de jaula o Burqa de tela que poco a poco se va destejiendo.  ¿Cómo surgió este proyecto?

Una vez más todo empieza con un rechazo total hacia la injusticia sufrida por las mujeres a causa del régimen Talibán. El temido burqa. Mi madre acostumbra a recordarme que, al ver las noticias de las mujeres en Irak, yo le decía: “que suerte tenemos de haber nacido en España; imagínate si hubiésemos nacido en un país donde nos pongan un burqa, donde no nos dejen movernos, ni expresarnos con libertad…”. A pesar de que me sigue aterrando la posibilidad, he de decir que las lecturas de Fatema Mernessi me influyeron mucho a la hora de darme cuenta de que la mujer en occidente tiene también un burqa propio al que nos hemos habituado y que es aún más opresivo si cabe. Este es el burqa de la talla 36, de la eterna juventud y de estar siempre guapas, delgadas, jóvenes. Esta pieza habla precisamente de la paradoja de la libertad: ¿quién es más libre? ¿La mujer que está encerrada en un burqa o la que está encerrada en el estereotipo estético de belleza de la moda y las tallas? Destejo mi pieza en directo, una bellísima jaula de crochet que desvela una mujer que queda desnuda. ¿Quién es más libre? Por experiencia, sé que la mujer que estaba bajo el burqa era más habladora, libre y expresiva que la que se desveló y quedó desnuda y sin protección. La libertad es un término demasiado amplio y de complejas fronteras.

 

Por último, hablemos de Mujeres en el paisaje, una serie de cuatro paisajes bordados en los que parece no haber ningún rastro humano (a pesar de lo irónico del titulo). ¿Qué es lo que quisiste plasmar con estas piezas?

El título de esta pieza es absolutamente descriptivo: las mujeres son el paisaje. Cuatro rostros de perfil forman los paisajes (el rostro de cuatro mujeres que siendo aire son tierra). No sé si me explico. Esta pieza es mi pieza más feminista de manera consciente, o al menos lo fue en el momento de bordarla. Me preguntaba que había pasado con las mujeres a lo largo de la historia: ¿por qué siendo el 50% de la población mundial o más no aparecemos en la historia que nos han contado? Nada se sabe de ellas salvo que fueran reinas, pero sin embargo conocemos más detalladamente la historia del los hombres. ¿Por qué son siempre nombradas de soslayo aún cuando son las que dan vida, las que trabajan, las que cuidan? ¿Por qué, siendo claves para el desarrollo de la humanidad, se las ningunea? A través de esta pieza reflexiono a cerca de este tema mediante los cuatro rostros de cuatro mujeres de mi familia a las que asemejo con las fases del día y de la vida. Mi hija es el amanecer, yo misma soy el medio día, mi madre la tarde y mi abuela la noche.

 

Si miramos estas y algunas otras obras, nos damos cuenta de que muchas de ellas parecen centrarse especialmente en la figura de la mujer y su mundo. Tal como ha sugerido en alguna de tus respuestas, hay cierto aire feminista detrás de tus trabajos.

Por supuesto que tienen cierto aire feminista, y lo digo sin ningún pudor además. Entiendo mis piezas como el camino hacia la reflexión sobre las cosas que me preocupan. El feminismo busca la igualdad y yo también. El feminismo es necesario y, revisado una y otra vez, ampara lo plural, lo justo, lo esencial para que todos tengamos el mismo trato, el mismo respeto. Yo creo en la igualdad de todos.

 

Aprovechando tu condición de artista – mujer, hay que preguntarte algo esencial: ¿has sentido alguna dificultad dentro del sector por cuestiones de género?

El sector no tiene nada de fácil. Ser artista y vivir de ello es muy complicado. Creo mucho en la capacidad de cada uno, partiendo de que nada es gratis ni fácil. Aunque me suelo preguntar lo siguiente: ¿sí hubiese sido hombre, con mi constancia y mi trabajo, me hubiese resultado menos difícil? Quizá sea así. No soy consciente de haber tenido trabas por ser mujer, al menos no de manera directa, pero quién sabe. Quizá sea una ingenua.

El último trabajo en el que he utilizado el bordado como lenguaje, un jersey que me puse para ir a ARCO este año con un bordado a la espalda, denunciaba la escasísima participación de mujeres en la feria (en 2016 sólo el 26% de artistas fueron mujeres, entre extranjeras y españolas, y si nos centramos sólo en el porcentaje de artistas mujeres españolas nos damos de bruces con un lamentable 4% de participación). Los números no engañan. Son muy crudos y muy duros. Las mujeres artistas exponen menos y trabajan con menos galerías que los hombres, es un hecho.

 

Es imposible no darse cuenta de que existen muchas alumnas en las facultades de Bellas Artes, pero solo unas pocas llegan a desarrollar una carrera artística a largo plazo. No es fácil ser mujer – artista en estos tiempos que corren. 

Ser artista requiere de mucha constancia, entrega, ser muy egoísta, cosas que a veces no son fáciles de compaginar con la vida de la familia. No es fácil pero, ojo, no lo es para nadie. No obstante, como he dicho antes, las cifras hablan por si mismas, para las mujeres es más difícil.

Quiero pensar que las tendencias cambiaran, que seremos más las mujeres artistas dentro de unos años. Miremos al Reino Unido: en la pasada edición del prestigioso premio Turner, 3 de los 4 finalistas eran mujeres y fue una mujer la que ganó el premio. Muy merecido además, era buenísima.

 

Cambiando de registro, ¿qué otros artistas que utilicen el bordado te interesan?

Me interesaron mucho una piezas que vi hace muchos años de Joana Vasconcelos. Era de sus primeras piezas: unas figuras de porcelana revestidas de ganchillo. Era maravilloso un urinario tipo el de Duchamp pero recubierto de un delicado ganchillo de colores. También me gusta el trabajo de Annette Messenger. Me gustan muchísimo los tapices Gobelinos que hay en el Museo de la Catedral Zamora que datan del siglo XV al XVII, los petit poi de Narelle Jubelin, los tapices de Joan Miró, las maravillas de Sonia Delaunay y sobre todo los de mi admirado Alighiero Boetti. Desde que me he vuelto hilandera, miro con especial asombro todo lo que esté bordado o tejido.

 

Y para terminar, ¿qué planes de futuro tienes con tu trabajo?

Ahora estoy muy centrada preparando una conferencia performativa en la que introduzco a las mujeres artistas ausentes de esos manuales de historia del arte del siglo XX. Uno de esos libros es, por ejemplo, el libro de E.H. Gombrich Historia del Arte en el que no se menciona ni a una sola mujer artista y recorre nada menos que toda la historia del arte hasta los años 70’s del siglo XX. Hay que rebuscar un poco y poner las cosas en su sitio; hay que intentar que al menos la gente a la que yo pueda llegar se enteren de que las mujeres artistas han existido desde el principio de los tiempos, que no es algo nuevo de mediados del siglo XX. La capacidad creativa de las mujeres y su trabajo como artistas ha de conocerse y reivindicar su lugar en la historia y en los museos. Supongo que ese es mi proyecto de futuro … y, unos bordados, claro.

¡Muchas gracias María!
Si queréis conocer más su obra,
os recomendamos visitar su página web:

www.mariagimeno.com


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