Entrevista a Valeria Faúndez

“Me fascina el ritmo del bordado, su estilo pausado, que te fuerza a salir del ritmo acelerado y volver al hacer manual, sin más maquinarias que las manos”

Este mes viajamos a Sudamerica, concretamente a Chile, para descubrir a una artista cuyo nombre ha llegado a mis oídos a través de varias fuentes. Se llama Valeria Faúndez y ya en su treintena ha expuesto en numerosas ocasiones (pudiendo destacar PlayGround en Galería Animal -2009-, Imago Mundi en Fundazione Cini -2014- u Ornamental en Galeria Madhaus -2016- entre otros).

Sus trabajos son realmente interesantes: borda sobre productos cotidianos de origen industrial no utilizados habitualmente en el mundo del arte y les da un nuevo papel, salvándoles de su naturaleza utilitaria. Hoy entrevistamos a la artista para que nos cuente más detalles sobre sus obras y su carrera…. ¡Empecemos!

Para aquellos que aún no te conozcan, cuéntanos dónde naciste y cuándo empezaste a interesarte por el arte.

Yo nací en 1984 en la ciudad de Santiago de Chile. Desde pequeña fui bastante creativa. Mi hermana y yo siempre inventábamos juegos y yo pasaba horas dibujando, pintando. Me encantaba ver programas de manualidades para niños para repetir en casa los diseños o armar otros por mi cuenta. Creo que de pequeña tuve inclinación creativa, sin mucha consciencia de que eso se podía enmarcar en lo “artístico”. Ahora de mayor lo asocio, pero en ese instante para mi el arte era algo más lejano, de seres talentosos que conocía a través de los libros. Si me preguntas por un hito clave fue la visita a una exposición de reproducciones de grandes maestros de la pintura. Ahí conocí a Monet y quedé flechada. Debía tener unos 12 años.


Y ¿cómo ha sido tu camino hasta convertirte en artista? 

Provengo de una familia que, si bien no está íntimamente ligada a la escena artística, si es una familia muy interesada en los productos culturales. La música, la literatura y el arte visual siempre fueron parte de mi crianza y desde joven se me estimuló en esas áreas. Me alentaron a seguir una carrera en lo que ya era mi inclinación natural. Gracias a este apoyo pude estudiar la licenciatura en artes visuales en la Pontificia Universidad Católica de Chile en Santiago. Creo que ese apoyo es fundamental cuando se opta por esta profesión, sobre todo en un país como este. Los años de estudio los aproveché al máximo y a partir de 2006, gracias a la obra realizada como mi examen de grado, comencé a participar en exposiciones. En el año 2008 tuve la suerte de ser seleccionada en una galería de la ciudad, lo que me sirvió como un incentivo muy importante para creer en mi trabajo y entender cómo era la orgánica de la industria relacionada a las artes visuales. Gracias a esto me comprometí en lo que realizo hasta el día de hoy.

Ya tienes a tus espaldas una lista de exposiciones algo extensa… pero la vida de artista no es siempre fácil: ¿con qué barreras te has encontrado en estos años?

Muchas. Como artista deseas crear los proyectos que tienes en la cabeza -frecuentemente múltiples- y la mayoría de las veces no hay financiación para ejecutarlas. Eso te genera desconfianza en tus propias propuestas y puede ser un factor que te lleve a desistir de tu trabajo como artista. Yo he tratado constantemente de no dejarme llevar por rechazos o falta de apoyo económico externo. Realizo proyectos y obras aún sin saber si tendrán un espacio expositivo o si alguien se interesará en ellos. HACER, siempre hacer, adaptándome a los tiempos o recursos a mano. Hay que encontrar un equilibrio entre el desarrollo de alguna actividad que te permita tener ingresos, y por otro lado crear obra bajo la licencia del compromiso exclusivo de tus inquietudes estéticas/artísticas. Luego, con el tiempo, siempre habrá un espacio donde exponer o alguien que valorará lo que haces. Es cuestión de perseverar.

 

¿Y crees que el hecho de ser mujer ha condicionado, de alguna manera, tu situación en el mundo del arte?

Yo creo que de cierta manera sí. Ya desde la escuela de arte se miraba con desconfianza el trabajo realizado en una técnica tan ligada a la problemática de género. Estaba un poco mal visto, por ejemplo, trabajar desde la costura o el bordado porque era “un poco trillado”… y claro que puede serlo si no propones algo nuevo, pero míranos ahora. Pasan los años y cada vez salen a la luz más datos concretos sobre la discriminación hacia la mujer. ¿Cómo podemos entonces sentenciar que el trabajo de artistas que reflexionan en torno a la mujer y su rol social puede ser algo trillado, si es un problema latente?

 

Has trabajado durante años con hilos y agujas. ¿Cuándo empezaste a bordar y por qué?

Comencé a trabajar con agujas de niña. Ya me gustaba la costura y hacía cosas un poco a tientas, probando. Nadie en mi familia lo hacía, así que lo aprendí por mi cuenta. Luego aprendí punto de cruz alrededor de los 16 años y después lo retomé en mis años universitarios. El por qué lo retomé fue algo natural: me gustaba que el bordado o la costura dejará tan a la vista el esfuerzo manual por cubrir la superficie de las cosas, por ornamentar algo que prescindía de todo valor estético. Además tenía muy claro cuán ligado estaba el bordado al imaginario de las “labores de hogar”, al rol de la dueña de casa, y estaba interesada en qué pasaba si me salía de la tradición de la técnica. Así me enamoré de ella, y desde ahí no la he dejado.

 

¿Qué es lo que más te gusta al trabajar con herramientas como el hilo y la aguja?

Me fascina su ritmo, el estilo pausado, que te fuerza a salir del ritmo acelerado y volver al hacer manual, sin más maquinarias que las manos. Además es ciertamente práctico: puedes trabajar en casi cualquier espacio con buena iluminación y llevar tus materiales sin mucha complicación.

Como toda técnica, debe tener una afinidad con quien la lleva a cabo. Mi ritmo se lleva muy bien con el bordado y viceversa. Hace unos años, cuando en Chile estaba más ausente el uso de la técnica, me encantaba ver la expresión de sorpresa y angustia de la gente al ver mis trabajos. “¡Y eso está bordado! “, decían. No les podía caber en la cabeza que alguien a voluntad bordara un retrato y sobre papel…Supongo que es porque estamos muy acostumbrados a lo reproducible y de rápida ejecución.

 

Sueles trabajar sobre distintos materiales como papel, coladores, botellas de plástico, sartenes, u otros objetos cotidianos. ¿Por qué te interesan tanto estos elementos?

Como mencioné antes, me gusta sacar al bordado de su tradición, y por otro lado, darle valor a las cosas que no las tienen. Al trabajar con coladores, sartenes, botellas, doy un nuevo significado al objeto: de ser un objeto de uso pasa a ser estético, de contemplación. De ser uno más en un millón dentro de la cadena productiva, es único, una pieza de arte. Les devuelves la mirada a objetos ordinarios, los salvo en parte de su existencia precaria de uso y desecho para darles esta especie de “segunda vida”.

Hay objetos que, además, tienen unas características que permiten el trabajo bordado: la blonda de papel es en sí una simulación de una pieza de mantelería. En este caso, al tratarla como tal, presento un poco el absurdo de intentar hacer pasar una cosa por otra. Coladores, tapa sartenes y múltiples objetos portan en sí mismos las mallas y estructuras que definen su funcionalidad pero que dan soporte a la intervención textil. Al final, es todo una contradicción y eso me gusta… ¿Cómo puede ser que un colador que se esconde en las gavetas pueda estar colgado en una galería? ¿Cuáles son los límites a lo que calificamos como bello? Esas preguntas son las que me llevan a seleccionar estos materiales.

 

Es curioso el hecho de que trabajas con materiales y técnicas durante años relacionados con el mundo doméstico, y en particular con el mundo femenino (durante siglos era la mujer la encargada de tejer, coser, limpiar o cocinar). ¿Existe alguna idea, discurso o teoría feminista que quieras transmitir al público al usar los elementos que usas en tus piezas?

Creo que existe un discurso por sí mismo, más allá de si me lo he propuesto o no. Hay obras como la serie de Retratos a futbolistas (ej. retrato a Gary Medel ó Mantel Rojo) en que el ejercicio es más consciente y protagonista. El retratar a hombres que son personalidades deportivas muy famosas e idolatradas en Chile mediante el bordado es lógicamente una forma de acentuar el contraste entre el cómo lo he realizado (el lado femenino) y el perfil masculino de las figuras retratadas. En ese punto creo que sí. De cierta manera lo que hago es derribar el mito de la figura heroica de un ídolo del fútbol al construirlo desde una técnica delicada y frágil. En resumen, el bordado siempre ha sido visto como una “técnica aplicada”, no siempre considerada dentro universo de las bellas artes. Esa “segunda categoría” hace eco del mismo lugar que históricamente las mujeres hemos ocupado en la historia del arte, un papel secundario dentro del listado de nombres masculinos.

 

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Puedes contarnos cómo se traslada una idea a la obra final?

Por lo general me inspiran las cosas. Siempre estoy recolectando, mirando, comprando algunos objetos de tiendas de bajo costo, desechos o los mismos residuos de mi casa. Guardo lo que me provoca algo a la vista. A veces la idea aparece de inmediato y otras con el tiempo. Pero siempre voy guardando. Soy muy “análoga” -como yo misma me defino- en mis procesos: dibujo, guardo fotografías de revistas, etiquetas, retazos de tela, etc. A veces hago fotomontajes para idear Instalaciones o hacerme la idea de cómo se vería un soporte con determinada intervención, pero al final todo se decide en la experimentación directa, cuando ves lo que el soporte te puede entregar.

 

Entre todas tus piezas, me parece muy interesante tu instalación Decorativismo Burqués. ¿Cómo nació esta idea?

Esta fue la obra con la que me titulé en la universidad. Ya estaba trabajando con la incorporación de textil en objetos, y específicamente esta obra del 2006 comenzó cuando descubrí lo ideal que era la trama de un determinado tipo de colador plástico para bordar en punto de cruz. Esto se me ocurrió secando los platos, surgió la idea así de repentina. Compré unos coladores, los bordé y me di cuenta de lo bien que funcionaban y de lo bien que se asociaban a la idea de “decorar lo práctico” o de rechazar su naturaleza utilitaria mediante el gesto ornamental. Ahí me lancé a recolectar y probar con múltiples utensilios de cocina que encontré  en tiendas, donde su principal característica fuese que fueran de bajo valor comercial y que su uso y diseño diera pie a la aplicación de bordado en su estructura. En esa instalación introduje bordados en ralladores, saleros, exprimidores y hasta un utensilio para hacer puré de papas. Todos ellos los iba armando y posicionando en una composición que hacía que todos agrupados en conjunto adquirieran otra identidad visual. Esta misma lógica de instalación fue la que ocupé en 2016 para la Instalación Oramental.

 

También atrae tus obras For once y Aplicaciones domésticas, construidas en papeles decorativos de pastelería, a modo de una gran pieza de mantelería. El resultado es muy atractivo. Cuéntanos algo más de estos trabajos. 

El trabajo sobre papeles de pastelería fue un paso que di para trabajar desde la bidimensionalidad sin abandonar el objeto de uso y desecho como soporte. Como ya había experimentado con elementos con mucho volumen, quise acercarme más a un formato que me permitiera llevar el bordado a una ejecución más pictórica. De ahí que comencé con la serie de retratos For Once en los cuales trabajé distintos personajes femeninos, fotografías que encontré en Internet o en revistas y que reinterpretaba mediante los hilos. Estas obras me permitieron no sólo expandir la forma de construir mediante el bordado, sino el concepto de retrato que históricamente ha pretendido fijar de forma permanente la imagen de un sujeto, llevándolo a la construcción frágil y perecedera de una técnica que delata el quiebre y la ficción del intentar fijar algo que en sí es efímero.

 

Y por último destacaría además Clorinda. ¿Qué hay detrás de esta serie? 

Clorinda es el nombre que tiene una marca de Cloro en Chile, muy tradicional de la clase media. Es un objeto que está en el imaginario común y que cautivó mi atención por lo mismo. Los envases de detergente son muy llamativos, pero a la vez los escondemos. Son nuevamente del mundo cotidiano pero no nos detenemos a observarlos estéticamente. Entonces, ¿qué ocurre si los decoramos? Volvemos a girar la mirada hacia ellos, y en el caso del bordado, podemos ver lo profunda que es la necesidad en nuestra sociedad de “hacer bello”. El bordado es una forma explícita de demostrar con cuánto ahínco deseamos de hacer de nuestro entorno algo placentero: somos capaces de pasar horas y horas perfeccionando la apariencia de algo, incluso si son botellas desechables.

 

¿Puedes recomendarnos algún otro artista que trabaje con hilo y aguja?

Hace poco descubrí a una artista que me fascinó, Louise Saxton, que trabaja con retazos y cortes de mantelería. Otra artista que encuentro muy completa entre el contenido y la obra en sí es la peruana Ana Teresa Barboza. Existe un resurgir de las técnicas textiles en las artistas latinoamericanas… creo que se están revalorizando las tradiciones de los pueblos originarios y su estética. En esa línea, cabe destacar el trabajo de las arpilleristas chilenas, que si bien no es un artista específico, es un movimiento de grupos de bordadoras de determinadas localidades, donde se rescata la memoria popular a través del bordado en lana y arpillera, como una herencia al trabajo de Violeta Parra.

 

Y, para terminar, ¿cuáles son tus objetivos para el futuro?

Tengo actualmente dos proyectos armados para los cuales estoy recolectando los soportes,  probando y bordado, pero esta vez en telas semi-transparentes. Uno es un proyecto en formato grande, ya que para él  utilizaré puertas, ventanas y descartes de construcción como soportes para la creación de paisajes y naturalezas bordadas… todo esto ya elaborado desde un uso absolutamente pictórico de los hilos. Por otro lado tengo agendada una pequeña muestra individual para julio, en el centro de las Tradiciones de la Comuna de Lo Barnechea en Santiago, en la que exhibiré parte de obra ya realizada y algunas nuevas piezas en formato pequeño y mediano.

¡Muchas gracias Valeria!
Si queréis conocer más su obra,
os recomendamos visitarla en:

Página web: valeriafaundez.cl
Instagram: @valeriabalogi


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